Te deslumbró el brillo de un reflejo
y se apagó la luz que de mí emanaba.
La magia de mi amor recién nacido
salió huyendo,
incapaz de soportar
ser pospuesta e ignorada.
Poseída por banales poderíos
que en la noche se revelan
cual gigantescos vacíos,
no viste que mis heridas sangraban.
Y es que nada vale tanto
como el abrazo que se envía con los ojos.
En silencio, en secreto y sin motivo.
De qué sirven las palabras lisonjeras
cuando las sirenas enmudecen su garganta?
Si su ausencia es motivo de distancia
su presencia no merece alabanza.
Ocasiones hubo tantas y tan claras,
imposible que no fueran detectadas.
Pero el alma que no ama está tan ciega
que, mirando un corazón, no ve nada.
Ahora es tiempo de coser roturas,
rellenando huecos de esperanza.
Que la vida gira y siempre obsequia
con AMOR, a quien de verdad AMA.
AmeremA.